Aristóteles acusado de impiedad
Un filósofo en juicio—otra vez. Ahora es Aristóteles, acusado de faltarle el respeto a los dioses.

Unknown — "Bronze hydria (water jar)" (mid-5th century BCE), public domain
Juzgado por impiedad... otra vez
Aristóteles observa cómo se reúne el jurado ateniense. El cargo: impiedad, la misma acusación que mató a Sócrates. Lo acusan de rendir culto a Hermias—su amigo asesinado—y no a los dioses de la ciudad.
Una ciudad donde las palabras son peligrosas
Atenas es una democracia, pero sus nervios están de punta tras décadas de guerra y paranoia. A los filósofos se les culpa de todo, desde corromper a los jóvenes hasta provocar a los reyes persas. Basta un rumor para acabar con una vida.
Aristóteles se va antes de que caiga la sentencia
Aristóteles huye de Atenas, diciendo que no dejará que la ciudad “peque dos veces contra la filosofía”. Nunca regresa—Atenas nunca lo llama de vuelta. Hasta el genio sabe cuándo es hora de correr.
Hasta las mentes más brillantes de Atenas caminaban por la cuerda floja—una palabra en falso y la ciudad podía volverse en tu contra. La fama no era escudo ante la sospecha, solo un blanco más grande.