Aristómenes y el Escudo de la Victoria
Aristómenes fue capturado, arrojado a un pozo profundo, y aun así salió arrastrándose para volver a pelear.

Unknown — "Fragment of the marble stele (grave marker) of a hoplite (foot soldier)" (ca. 525–515 BCE), public domain
Un pozo, una piel de león y pura rebeldía.
Aristómenes, líder de los mesenios, fue capturado por los espartanos por tercera vez. Lo lanzaron, atado y herido, al Caeadas — el pozo de ejecuciones de Esparta. Casi nadie volvía a ver la luz. Aristómenes cayó sobre un montón de cadáveres, encontró la piel de un león muerto y esperó.
La fuga imposible.
De alguna forma, Aristómenes trepó por las paredes del pozo, arrastrándose en la oscuridad. Según Pausanias, salió envuelto en la piel de león, tambaleándose hacia la libertad — y volvió a tomar la lanza para seguir luchando contra Esparta. Durante años, su nombre fue un grito de guerra: rendirse, jamás.
Ni enterrado vivo, Aristómenes aceptó morir o rendirse — una pesadilla para Esparta, una leyenda para Mesenia.