Aristómenes y la cueva sagrada del zorro
Encadenado bajo tierra, Aristómenes esperaba la muerte—hasta que siguió a un zorro en la oscuridad total.

Unknown — "Steatite miniature offering table" (ca. 2000–1700 BCE), public domain
Enterrado vivo bajo Esparta
Tras ser capturado, Aristómenes—líder de una revuelta condenada—fue arrojado a un pozo profundo con decenas de cadáveres, dejado allí para pudrirse. La única luz venía de un agujero diminuto muy arriba. Sin comida. Sin esperanza. La historia dice que los espartanos lo llamaban Ceadas—el pozo sin retorno.
Sigue el rastro de un zorro
Durante días, Aristómenes yacía hambriento entre los muertos cuando lo oyó: el suave rasguño de unas garras. Un zorro salvaje se había colado para mordisquear los cuerpos. Sin nada que perder, Aristómenes atrapó al animal, lo dejó guiarlo en la oscuridad—y salió arañando tras él.
Una pesadilla viva para Esparta
Aristómenes se desvaneció en la leyenda. Los espartanos, creyéndolo muerto, volvieron a encontrarlo saqueando otra vez. Sus fugas se convirtieron en amenaza de cuna: 'Si no te portas bien, vendrá Aristómenes.' Hay pesadillas que no mueren en la oscuridad.
Aristómenes, la última esperanza de la rebelde Mesenia, escapó de una fosa de ejecución confiando en el rasguño de un animal hambriento. Durante años, las madres espartanas usaron su nombre para asustar a sus hijos por la noche.