Ares atrapado en un jarro de bronce
El dios de la guerra, humillado, pasó trece meses encerrado en un jarro—incapaz de escapar.

Exekias — "Terracotta neck-amphora (jar) with lid and knob (27.16)" (ca. 540 BCE), public domain
El dios de la guerra, derrotado.
Ares, el temible dios griego de la guerra, terminó siendo el hazmerreír del Olimpo. Dos gigantes, Oto y Efialtes, lo agarraron en pleno campo de batalla y lo metieron a la fuerza en un jarro de bronce, cerrando la tapa. Durante trece meses, el dios de la sangre solo pudo aullar en la oscuridad.
Gigantes con cuentas pendientes.
Oto y Efialtes, hijos de Poseidón, querían asaltar el Olimpo. Encerrar a Ares era solo el primer paso. Durante un año entero, la guerra en Grecia se apagó—sin inspiración divina. Solo cuando Hermes logró burlar a los gigantes y liberar a Ares, volvieron las peleas al mundo.
Hasta los dioses pueden ser impotentes.
Ares salió, humillado y con ganas de venganza—pero el mensaje era claro: la fuerza bruta no basta, ni siquiera para un dios. Los griegos contaban esta historia con media sonrisa, prueba de que todos, mortales o inmortales, tienen sus límites.
Hasta el más fuerte puede caer ante un plan ingenioso—y a veces, la broma es para los propios dioses.