Alcibíades: De Exiliado a Salvador
La flota estaba atrapada. Entonces Atenas hizo lo impensable: llamó de vuelta al hombre al que llamaban traidor, seductor e imán de escándalos.

Baltimore Painter — "Terracotta volute-krater (mixing bowl)" (ca. 330–310 BCE), public domain
Atenas desesperada, Alcibíades en el exilio.
En el 411 a.C., la marina de Atenas estaba acorralada por los espartanos en Samos. Su mejor comandante, Alcibíades, estaba desterrado—acusado de sacrilegio, conspiraciones y más líos amorosos de los que se pueden contar. Cuando ya no quedaban opciones, los generales lo mandaron llamar, esperando que hiciera lo que nadie más podía.
Redención en el mar.
Alcibíades llegó como un huracán, animó a la flota y superó a los espartanos en una racha de victorias. Volvió a Atenas en triunfo, coronas por doquier, multitudes aclamando como si les hubieran borrado la memoria. Tucídides insinúa que ni ellos mismos se creían ese cambio de corazón.
¿Héroe o peligro andante?
El regreso de Alcibíades no duró mucho. Sus viejos enemigos susurraron, la asamblea voluble se giró, y pronto volvió al exilio—prueba de que en la política ateniense, el héroe de hoy es el desterrado de la semana que viene.
El regreso de Alcibíades cambió el rumbo de la guerra y demostró que en Atenas, la reputación podía hundirse y resucitar de la noche a la mañana.