¿Obsesión romana con sus águilas?
Todas las pelis romanas muestran batallas desesperadas por salvar el águila dorada de la legión. ¿Perderla era una maldición eterna?

Unknown — "Cassone (chest, pair with 1975.1.1945)" (ca. 1840–80), public domain
¿El águila no debe caer jamás?
Hollywood nos lo ha tatuado en la cabeza: el águila dorada es el alma de Roma. Si cae en manos enemigas, los hombres lloran, los senadores se desmayan, Roma tiembla. Algunas pelis muestran soldados muriendo uno a uno por protegerla.
Las legiones a veces perdían—y reemplazaban—sus águilas.
La verdad: los estandartes eran importantes, pero las legiones los perdían en desastres—en el bosque de Teutoburgo, tres legiones perdieron sus águilas durante décadas. Algunas nunca volvieron. Roma intentó (y a veces falló) recuperarlas, y se entregaban águilas nuevas. Nada de maldiciones místicas, solo vergüenza y papeleo.
¿Por qué imaginamos devoción hasta la muerte?
Los escritores romanos exageraron la vergüenza de perder un estandarte, y Augusto hizo un espectáculo al recuperar águilas perdidas. Los artistas victorianos y el cine lo convirtieron en mito de inmortalidad.
Los romanos valoraban mucho sus estandartes, pero las legiones a veces perdían—y hasta abandonaban—sus águilas. No siempre las recuperaban; a veces, simplemente las reemplazaban y seguían adelante.