Servilia, el poder detrás del puñal
A la sombra de los Idus de marzo, la villa de Servilia zumba de secretos. Su hijo empuña el cuchillo, pero Roma susurra que Servilia escribió el guion.

Panini — "Interior of Saint Peter's, Rome" (after 1754), public domain
¿Madre, amante, titiritera?
Servilia recorre los pasillos de mármol de Roma con calma calculada. Es madre de Bruto y amante de César de toda la vida—sus cartas y miradas enredadas en las intrigas más peligrosas de la República. En la víspera del asesinato de César, dicen que sabe más que cualquier senador.
Política entre cortinas
Mientras los hombres discuten en el Foro, Servilia se mueve tras los velos. Arma alianzas, filtra secretos y lee el viento del poder. Hasta Cicerón la esquiva—y eso que tiene la lengua más afilada de Roma.
La arquitecta silenciosa del caos
Cuando Bruto apuñala a César, Roma culpa a los hombres de toga. Pero la fama de Servilia sigue, un fantasma en las sombras del Senado. Algunos la llamaron peligrosa, otros indispensable. La historia aún no decide si fue la ajedrecista de Roma—o su última observadora lúcida.
Conocida como madre de Bruto y amante de César, el verdadero poder de Servilia era escuchar—y saber cuándo moverse. Mientras los hombres daban discursos, ella tejía alianzas a la luz de las velas, moldeando el destino de César y la República. Cuando volaron los puñales en el Senado, la mente más afilada de Roma no sostenía una hoja. Ya había puesto la mesa.