Tal Día Como Hoy: Octubre Profundo en Roma
22 de octubre en Roma: la ciudad huele a otoño—graneros llenos, vino nuevo que pica en copas de barro y el aire dulce a podredumbre y humo de leña.
Tanner (Capt), War Office official photographer — "Allied Forces in Rome, June 1944 TR1851", Public domain
Roma en octubre baja el ritmo y se recoge.
Para el 22 de octubre, la prisa de la cosecha ya pasó. Los hornos escupen pan recién hecho con el grano nuevo. El vino joven muerde la nariz y las bodegas revientan de fruta y cereal. Los romanos marcan el cambio con comidas más simples, capas extra de ropa y miradas al cielo, por si acaso.
Una ciudad se prepara para el primer frío.
Las multitudes del verano desaparecen; el circo se queda en silencio. Los niños patean hojas en callejones que antes eran puro bullicio. El humo de cientos de hogares se mezcla con el olor a fruta fermentada y tierra mojada. Bajo todo eso, la ciudad espera—un poco inquieta, un poco aliviada, siempre hambrienta de lo que viene.
A estas alturas de octubre, el pulso de la ciudad cambia. Ya no hay cosechas que recoger, las carreras en el circo se apagan y cada romano mira el invierno que se acerca—la sombra del año se alarga con cada atardecer.