Manio Curio Dentato, el Cónsul que Prefirió Nabos
Un emisario samnita le ofrece a Manio Curio Dentato un cofre de oro. Dentato está junto al fuego—comiendo nabos hervidos, con la tierra aún pegada en las manos. Se ríe y rechaza el oro.

Panini — "Ancient Rome" (1757), public domain
Nabos antes que tesoros
Un emisario samnita le ofrece a Manio Curio Dentato un cofre de oro. Dentato está junto al fuego—comiendo nabos hervidos, con la tierra aún pegada en las manos. Se ríe y rechaza el oro.
La pobreza como poder
Dentato, tres veces cónsul, se volvió leyenda viva por rechazar sobornos. Les dijo a los emisarios que prefería gobernar a hombres que codician el oro antes que tenerlo él. En un Senado lleno de riquezas y favores, él llevaba lana áspera y cenaba raíces—aferrado al filo duro de las primeras virtudes romanas.
El eco de la vieja República
Su historia se volvió folclore romano—modelo de incorruptibilidad, en silencio burlado por quienes no podían imaginar vivir a base de nabos. Pero cada vez que un senador se quejaba del lujo, el nombre de Dentato flotaba en el aire, un aviso del pasado.
El rechazo de Dentato no era pose. Dijo a los emisarios que prefería gobernar a quienes desean oro antes que poseerlo él mismo. En una época de sobornos y botines, se aferró a los viejos ideales romanos—pobreza, disciplina y cena de raíces. Algunos senadores lo llamaban anticuado. Otros decían que era el último suspiro de la inocencia republicana.