Filipo II pierde un ojo en Methone
Filipo de Macedonia fue a ver cómo iba el asedio—y se llevó una flecha directa en la cara.

Unknown — "Amphora Vase" (1723–35), CC0
Flecha en toda la cara del rey.
En el 354 a.C., durante el asedio de Methone, Filipo II de Macedonia se acercó demasiado al jaleo. Un defensor suelta una flecha. Le atraviesa el ojo derecho—hueso roto, sangre a chorros, visión fuera. Los soldados ven a su rey tambalearse, pero no caer.
Un rey ensangrentado aguanta el tipo.
Con media cara destrozada, Filipo se niega a dejar el frente. Coordina a sus hombres como si nada, aprendiendo a pelear medio ciego. Dicen que siguió mandando entre gritos de dolor. Perder un ojo se convierte en su sello de invencible—y de miedo, no de debilidad.
Padre de un conquistador.
La cara destrozada de Filipo solo fue el principio. Volvió más bestia que nunca y reventó Grecia. Su hijo Alejandro heredó no solo el reino, sino la lección: sobrevive a la herida y sigue cabalgando.
El futuro padre de Alejandro Magno siguió mandando con la sangre chorreando por la mejilla—acabó medio ciego, pero bien vivo y al mando.