Espejos de bronce y belleza distorsionada
Mírate en un espejo griego y tu cara te devuelve la mirada—deformada, sombría, con un tinte verdoso.

Unknown — "Athlete Making an Offering" (c. 450–425 BCE), CC0
Un destello, no un reflejo
Mírate en un espejo griego y tu cara te devuelve la mirada—deformada, sombría, con un tinte verdoso. La imagen se mueve con cada parpadeo de luz, como si miraras en agua quieta.
Bronce en vez de vidrio
Los espejos griegos antiguos no eran de vidrio. Eran discos de bronce pulido a mano, trabajados hasta sacarles un brillo apagado. El reflejo salía borroso—cada defecto se exageraba, cada detalle se difuminaba. Los arqueólogos han encontrado estos espejos en tumbas y casas, a veces decorados con diminutas figuras de dioses o animales.
La mayoría de los espejos griegos antiguos no eran de vidrio. Eran discos de bronce pulido, brillantes pero imperfectos. El reflejo era borroso y teñido, mostraba cada defecto y nada de brillo. Los arqueólogos han encontrado cientos, desde espejitos de mano abollados hasta pesados soportes de mesa. Para los griegos, verse con claridad no era lo normal—era un lujo, y a veces, un susto.