El día en que 'Justo' fue peligroso
Arístides, tan famoso por su rectitud que lo llamaban 'el Justo', fue exiliado porque los extraños estaban hartos de oír hablar de su virtud.
Demasiado justo para Atenas.
Arístides se ganó su apodo por ser escrupulosamente justo—demasiado justo, quizá, para la celosa ciudad de Atenas. Cuando llegó el momento del ostracismo, hasta su reputación se volvió un lastre.
Votar el exilio—en un trozo de cerámica.
Un votante analfabeto pidió a Arístides que escribiera su propio nombre en la teja para el exilio. El hombre confesó que nunca había conocido a Arístides, pero estaba harto de oír la palabra 'Justo'. Arístides obedeció y dejó la ciudad por diez años.
La justicia, resentida.
Este episodio resumía la Atenas clásica: demasiada virtud podía ser tan peligrosa como muy poca, y hasta los mejores podían ser sacrificados por la paz social. Arístides regresó después, como a veces hacían los exiliados—con su sentido de la justicia intacto.
En una votación de ostracismo, un ciudadano que no sabía escribir le pidió al propio Arístides que escribiera su nombre—admitiendo que simplemente estaba cansado de oír que lo llamaban 'el Justo'. Arístides accedió, marcando en silencio su propio destierro.