Cicerón ante la Discordia Civil
"¿Qué nos queda sino rezar por la concordia, cuando la discordia trae la ruina?"—Cicerón, Ad Atticum, 10.4.

Jacques Louis David — "The Death of Socrates" (1787), public domain
"¿Qué nos queda sino rezar por la concordia…"
En el 49 a.C., mientras Julio César se acercaba a Roma con su ejército, Cicerón escribió a su amigo Ático: "Quid reliqui est nisi ut oremus concordiam? Dissensio enim exitialis est." (Ad Atticum, 10.4). Veía la ciudad deslizándose hacia la guerra civil, impotente para detenerlo.
El último recurso de un estadista: la esperanza.
Para Cicerón, que dedicó su vida a defender las leyes y tradiciones de la República, aquello era una agonía. Sus cartas de ese periodo—urgentes, crudas, incluso frenéticas—son una ventana al derrumbe del viejo orden romano. Solo podía observar, advertir y, al final, esperar la unidad.
En el colapso de la República Romana, Cicerón vio cómo se rompían los viejos lazos que unían a Roma. Escribiendo a su amigo Ático en el 49 a.C., mientras César marchaba sobre Roma, sus cartas rezuman ansiedad y resignación.