Cicerón: voz temblorosa, República en vilo
Cicerón habló con tal furia en el Senado que guardias armados esperaban afuera, listos para la violencia.

Panini — "Ancient Rome" (1757), public domain
La palabra como escudo—y espada
Cuando los conspiradores amenazaron con incendiar Roma, Cicerón los desenmascaró en una serie de discursos demoledores en el Senado. Sabía que cada sílaba podía costarle la vida; Catilina y sus seguidores lo escuchaban desde la primera fila.
Una República al filo de la navaja
En la Roma tardo-republicana, la violencia solía seguir a la política. Las oraciones de Cicerón frenaron un golpe, pero alimentaron la siguiente crisis. Su triunfo lo haría héroe—y más tarde, exiliado.
La conspiración de Catilina pudo haber desatado una guerra civil. Cicerón, un 'hombre nuevo' sin linaje noble, apostó todo al exponer la trama públicamente, confiando en que sus palabras pesarían más que las dagas. Sus decisiones lo salvaron y condenaron a la vez—convirtiéndolo, por un momento, en la conciencia de Roma y en su ciudadano más amenazado.