La Última Resistencia de Catón
Mientras César arrasaba el norte de África, Catón el Joven mantenía viva la última chispa de la vieja República — y tomó una decisión final y obstinada.

Salvator Rosa — "The Dream of Aeneas" (1660–65), public domain
El último bastión de la República.
Tras la derrota de Pompeyo, los enemigos de César se reagruparon en Útica. Catón el Joven, célebre por su virtud incorruptible, defendía la ciudad mientras las legiones de César se acercaban. Rendir la plaza significaba seguridad para muchos — pero para Catón, era la muerte de la libertad.
Un final deliberado.
César le ofreció el perdón, pero Catón leyó tranquilamente el Fedón de Platón y luego se apuñaló. Cuando sus sirvientes intentaron salvarlo, Catón desgarró su herida, asegurándose de morir. Su muerte fue tanto una declaración como un suicidio.
Nace un mártir.
La negativa de Catón a inclinarse ante César lo convirtió en un símbolo. Durante generaciones, los romanos debatieron si su terquedad fue noble o insensata — pero nadie dudó de su coraje, ni del poder del principio sobre la supervivencia.
Tras la victoria de César en Tapso, Catón rechazó el perdón y la vida bajo dictadura — prefirió el suicidio antes que el compromiso. El gesto sacudió a Roma y convirtió a Catón en mártir de la libertad republicana.