Casio, La Mente Detrás de la Daga
Casio está entre columnas de mármol, apretando una daga. Es quien convence a Bruto de que César ya es rey en todo menos en el nombre.

Unknown — "Idealized Head" (50 BCE–100 CE), CC0
El conspirador en las sombras
Casio está a la luz temblorosa de una lámpara, ojos fijos en la puerta. Es Casio quien primero susurra que César debe morir—y luego pone la daga en la mano de Bruto. Matar a un amigo, dice, es el precio de salvar Roma.
Una república en peligro
La Roma que conoce Casio se desvanece: senadores intimidados, votos comprados, la estatua de César coronada de laurel. Mientras Bruto duda, Casio hace la lista. Se mueve en silencio, rara vez busca crédito, pero todos los conspiradores le reportan a él.
Cuando se disipa el humo
Tras los Idus de marzo, Casio muere por su propia espada antes que caer en manos enemigas. Roma no vuelve a la libertad. El caos solo crece. Al final, la república que Casio amaba desaparece para siempre—y el mundo recuerda la daga, no al hombre detrás de ella.
No es la cara de la conspiración, pero sí su corazón—el estratega que convierte el asesinato en deber. Casio ha visto morir las viejas libertades de Roma, voto a voto en el Senado. No es idealista, pero sabe transformar a un amigo en asesino.