El escándalo de las Hermas antes de la expedición a Sicilia
En vísperas de la mayor apuesta de Atenas, las estatuas de toda la ciudad amanecieron decapitadas—y cundió el pánico.

Salvator Rosa — "Self-Portrait" (ca. 1647), public domain
La noche ateniense de los rostros rotos.
En el 415 a.C., alguien mutiló las sagradas hermas de la ciudad—pilares de piedra con las cabezas (y genitales) de Hermes. Al amanecer, los atenienses encontraron las estatuas decapitadas. Para una ciudad supersticiosa a punto de enviar miles de hombres a la guerra, parecía un mensaje de los dioses.
El pánico alimenta la sospecha.
La ciudad se volvió contra sí misma. Los enemigos políticos acusaron a Alcibíades, el carismático general, de impiedad y conspiración. Siguieron juicios y exilios. La expedición—ya arriesgada—zarpó con su mejor líder deshonrado y enemigos en casa.
Fe y destino chocan.
La expedición a Sicilia terminó en desastre. Para muchos atenienses, la señal había sido clara desde el principio. La mutilación de las hermas no solo marcó la ciudad—se convirtió en símbolo de la desmesura ateniense y los peligros de la histeria colectiva.
Una ola de ansiedad religiosa y paranoia política casi descarrila la expedición a Sicilia antes de empezar. El misterio de las hermas mutiladas expuso las profundas divisiones de la sociedad ateniense.