Arístides el Justo: Desterrado por Honesto
Los atenienses exiliaron a un hombre por ser demasiado justo.

Jacques Louis David — "The Death of Socrates" (1787), public domain
La justicia como delito
Arístides se ganó el apodo de “el Justo” por su imparcialidad incorruptible. Pero la democracia ateniense tenía una peculiaridad: una vez al año, los ciudadanos podían votar para exiliar a cualquiera que consideraran peligroso—hasta a los héroes.
Desterrado por su reputación
Durante un ostracismo, una mujer pidió a Arístides que escribiera su propio nombre en su voto—ya estaba cansada de escuchar sus alabanzas. Él aceptó, sin protestar. Arístides fue desterrado no por hacer el mal, sino por hacer que la igualdad resultara incómoda en una ciudad obsesionada con nivelar el terreno.
Ironía grabada en fragmentos
Más tarde regresaría para ayudar a salvar Atenas en la batalla de Salamina. La historia sobrevive como parábola: por mucho que hablaran de justicia, incluso Atenas a veces se volvía contra quienes la encarnaban demasiado bien.
Arístides era tan famoso por su integridad que, durante una votación de ostracismo, una desconocida le pidió que escribiera su propio nombre en la papeleta—porque estaba harta de oírle llamar "el Justo". Arístides lo hizo, tranquilo. En Atenas, incluso la virtud podía castigarse si hacía demasiada sombra.