Aníbal: Sangre en los Alpes
Aníbal pierde un ojo cruzando los Alpes, pero sigue avanzando—un general cartaginés con sabañones y elefantes, acercándose a Italia.

Panini — "Interior of Saint Peter's, Rome" (after 1754), public domain
Avanzando con un solo ojo
Aníbal pierde un ojo cruzando los Alpes, pero sigue avanzando—un general cartaginés con sabañones y elefantes, acercándose a Italia.
Una apuesta pagada en sangre y hielo
Empezó con casi cuarenta elefantes de guerra, miles de hombres y una promesa de jugador a Cartago: Roma va a temblar. Las ventiscas destrozan su ejército. Las avalanchas entierran a sus guías. Cuando por fin baja a Italia, la mitad de su gente ya no está. Los que quedan le siguen igual—porque él va delante, maltrecho y medio ciego.
Derrota sin rendición
Aníbal nunca tomó Roma. Pero durante años, las madres italianas usaron su nombre para asustar a sus hijos. A veces, perder sacude el mundo más que ganar.
Empezó con casi cuarenta elefantes de guerra, miles de hombres y una promesa de jugador a su ciudad: que Roma temblaría. Las ventiscas destrozan su ejército. Las avalanchas entierran a sus guías. Cuando por fin baja a Italia, la mitad de su gente ha muerto. Pero los que quedan le siguen—porque va al frente, envuelto en un manto raído, un ojo pegado por la infección.